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Alejandro Fernández, una vida de excesos y escándalos

24 agosto 2018 Actualidad Farándula Música


El intérprete mexicano Alejandro Fernández está rompiendo récords. Tras llenar auditorios con ocho conciertos en España y embarcarse en una viaje a Estados Unidos con la gira Rompiendo fronteras, el músico de 47 años ha demostrado que el éxito no lo abandona. Con su música, esa que mezcla ranchera con baladas románticas y pop, ha vendido más de 30 millones de discos en todo el mundo que le han hecho merecedor de dos Grammy así como de dos Billboard. Pero la fama de El Potrillo se ha visto salpicada en años reciente por algunos excesos y escándalos provocados por el alcohol.

El último de estos ocurrió hace una semana en un avión. Tambaleante, con los ojos entrecerrados y aspecto descuidado, el intérprete de Me dediqué a perderte estaba reacio a apagar el móvil y a ponerse el cinturón de seguridad. Más tarde se vio obligado a pedir perdón. “Ofrezco una disculpa a la aerolínea y a los pasajeros de mi vuelo; tras un recorrido trasatlántico estaba extremadamente cansado. Nada justifica mis acciones. ¡Les deseo felicidad a todos!”, escribió en su cuenta de Twitter, y no perdió la oportunidad de compartir una reflexión: “Alguna vez escuché que equivocarse es un defecto de todos, pero pedir disculpas una virtud de pocos.”

A este episodio se suman otros cuantos en los que el cantante originario de Guadalajara (México) tenía unos tequilas de más. En una ocasión, en la que terminó borracho en un concierto en Querétaro (en el centro del país) en diciembre de 2017, se notaba cómo arrastraba las palabras al hablar. “La verdad es que estaba haciendo un putero de frío y me quise calentar con un traguito”, dijo alzando el vaso antes de hacer una última petición: “No quiero que esto salga mañana en las noticias”. Pero esta no fue escuchada y el vídeo de su actuación corrió como la pólvora en las redes sociales.

Unos meses atrás, en mayo de 2017, una persona del público en un concierto en Puebla (al sureste de la Ciudad de México) le ofreció una botella de tequila. Sin dudarlo dos veces, Fernández le pegó un trago y, de pronto, mientras entonaba “Yo sentí que mi vida se perdía en un abismo…”, comenzó a sudar y a limpiarse la frente con el brazo. Segundos después se giró, ya no podía contener las arcadas. El cantante tuvo que abandonar el escenario unos minutos para vomitar; afortunadamente, el público tomó el relevo cantando. Cuando volvió se disculpó diciendo que el tequila “estaba muy fuerte”.

Las palizas tampoco han faltado. Durante una fiesta en un hotel de la capital, tras un concierto de El Potrillo en el Auditorio Nacional en febrero, una persona tomó fotografías del artista en evidente estado de embriaguez, tras lo cual uno de sus escoltas lo golpeó y le rompió los dos dientes frontales de arriba. Al ver la escena, otro joven trató de detenerlo y terminó con la nariz partida en siete. Los hombres golpeados interpusieron una demanda en los tribunales de la Ciudad de México contra los escoltas implicados. Y hace dos años, también en aparente estado de embriaguez, tuvo un altercado en la Ciudad de México con un periodista que quería entrevistarlo después de un concierto.

Alejandro Fernández el 27 de julio, en Fuengirola, Málaga.
Alejandro Fernández el 27 de julio, en Fuengirola, Málaga. CORDONPRESS

Otra noche de excesos de quien ha cantado con Beyoncé o Alejandro Sanz que trascendió a los medios de comunicación fue aquella en la que se dejó ver en Las Vegas sin camiseta, con el pelo despeinado, en evidente estado de ebriedad y abrazando a dos hombres, en una juerga en agosto de 2016. La imagen adquirió tal popularidad que incluso se hicieron piñatas de su torso. “Sí, me fui de fiesta. Sí, bebí para calentar. Y sí, dejé que me retrataran de manera ridícula en el proceso, reconoció el artista y se justificó diciendo: “Estaba en una despedida de soltero, no íbamos a estar tomando malteadas [batidos]”.

Tras esta serie de incidentes, algunos medios locales en México aseguran ahora que Fernández entrará a un centro de rehabilitación, pero desde Universal Music niegan la veracidad de esta información.

Alejandro Fernández.
Alejandro Fernández. EL UNIVERSAL

Ninguno de estos oscuros capítulos en la vida del cantante ha logrado empañar los 25 años de carrera de quien ha sido capaz de cantar canciones melosas de pop enfundado en un ajustado pantalón, chaqueta, camisa, botas y gran sombrero, el típico vestuario del jinete o charro mexicano. Este latin lover, que ha sabido conjugar modernidad y tradición, es heredero de los charros mexicanos de ranchera y bolero como Pedro Infante, Jorge Negrete, Javier Solís y, por supuesto, Vicente Fernández, su padre.

Chente, símbolo de las rancheras mexicanas abandonó los escenarios en abril de 2016, a los 76 años, tras 50 de trayectoria, con un concierto gratuito en el Estadio Azteca de la capital al que acudieron cerca de 85.000 personas.

El hijo ha logrado forjar su propio camino al margen del éxito de su padre. Tras haber incursionado en la arquitectura de joven, el intérprete de Mátalas se dio cuenta que la música era su verdadera pasión. A los 23 años entonó Como quien pierde una estrella, una ranchera que se convirtió en la sensación en aquella época, y que ahora es un clásico. Años más tarde la interpretó con Diego El Cigala. Con Me estoy enamorando, disco que sacó a los 26 años, comenzó su giro hacia las baladas románticas y la música pop. En España se dio a conocer en 2004 con su tema Canta corazón.

A partir de entonces, quien hace más de un año demandó a Luis Miguel por incumplir el contrato de una gira en la que cantarían juntos, se consolidó como la versión pop de los charros mexicanos, consciente de que las rancheras ya no vendían y de que era necesario innovar. “El mercado ha cambiado muchísimo, no hay estaciones donde se toquen rancheras. Obviamente hay un público, pero a las compañías no les conviene sacar esto, por eso buscamos fusiones, para no dejar la música mexicana de lado y traerla al proceso pop que hacemos”, aseguraba en una entrevista a EL PAÍS hace un año y medio.

Sin embargo, este músico de canciones azucaradas que, como su padre, consiguió una estrella en el paseo de la fama de Hollywood en 2005, sigue portando con orgullo y elegancia su sombrero de ala ancha.

Fuente: El País
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