La administración Trump diseña silenciosamente estrategias para un eventual vacío de poder en Venezuela
Ecuador analiza riesgos migratorios, de seguridad y geopolíticos ante un posible giro en Caracas
Estados Unidos afina planes para el “día después” en caso de que Nicolás Maduro sea derrocado. Ecuador observa con atención por los posibles efectos en migración, seguridad y dinámicas regionales. Este es el análisis completo.
La administración del presidente estadounidense Donald Trump elabora en silencio un conjunto de planes que se activarían si Nicolás Maduro abandona o es removido del poder en Venezuela. Las estrategias, discutidas en el interior de la Casa Blanca, incluyen desde salidas negociadas hasta escenarios con intervención limitada, además de rutas para manejar el vacío de poder y la estabilización del país.
Este movimiento se desarrolla paralelamente a una presión militar creciente en el Caribe, con despliegue de tropas y operaciones estadounidenses bajo el argumento oficial de combatir el narcotráfico. Sin embargo, informes filtrados indican que la planificación apunta también a un posible cambio de régimen.
Para Ecuador, la situación no pasa desapercibida. El país ha sido uno de los principales receptores de migración venezolana en la última década, con impactos directos en su economía, servicios públicos y seguridad. Un eventual colapso político en Caracas podría generar nuevas olas migratorias y tensiones humanitarias.
La oposición venezolana, liderada por María Corina Machado y Edmundo González, también mantiene planes para un “día después”, centrados en reconstrucción institucional, seguridad y recuperación económica. Algunas de estas propuestas ya se han compartido con Washington.
Expertos en la región señalan que un giro político en Venezuela podría reconfigurar alianzas hemisféricas, afectar el equilibrio geopolítico —sobre todo por la presencia de actores como Rusia, Irán y China— y redefinir los flujos migratorios y de seguridad que impactan directamente a países como Ecuador, Colombia y Perú.
Mientras en Washington se evalúan opciones, en Quito la situación es observada con cautela. El Gobierno ecuatoriano ha mantenido una postura de respaldo a procesos democráticos y ha insistido en la necesidad de una transición ordenada que evite un nuevo ciclo de inestabilidad en la región.
