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El ícono Rockero Tom Petty muere a sus 66 años.

3 octubre 2017 Actualidad Música


Sin una voz rugiente ni un aura épica, valiéndose de un cancionero que no buscaba abrumar al oyente sino más bien seducirlo a través de una elegante y sensible excitación, Tom Petty se ganó a pulso una plaza preeminente en la élite del rock americano. Su obra combina canciones de brillo instantáneo y álbumes en cuyos fondos y paisajes uno puede perder el mundo de vista. Un capital que ya no dará para más después de que un infarto haya terminado con su vida, a los 66 años, la madrugada de este martes en Los Ángeles.

La noticia ha sido inesperada y devastadora para sus admiradores de todo el mundo, que a lo largo de esta noche seguían perplejos una confusa secuencia informativa: el anuncio inicial de su muerte, el desmentido que le situaba en un estado crítico y la confirmación final del fatal desenlace. Petty había sido encontrado inconsciente en su casa de Malibú, Los Ángeles, tras sufrir un ataque cardíaco, y trasladado al centro médico UCLA, al que ya llegó sin actividad cerebral. Murió a las 8.40 de la tarde del lunes.

 

La comunidad de Los Ángeles, sus artistas y su show business, le acogió a mediados de los años 70, cuando, buscando oportunidades, dejó su Florida natal (nació en Gainesville el 20 de octubre de 1950) acompañado de sus colegas de la banda Mudcrutch, el embrión de Tom Petty & The Heartbreakers. Ahí estaban Mike Campbell (guitarra) y Benmont Tench (teclados), que junto con Bon Blair (bajo) y Stan Lynch (batería) completaron la alineación de una banda que se estrenó en noviembre de 1976 con el álbum ‘Tom Petty & The Heartbreakers’.

Una carta de presentación expeditiva, que combinaba la herencia de The Byrds con unas dinámicas guitarreras ariscas, contagiadas del espíritu de la new wave. Despuntando, la arrolladora ‘American girl’, sobre el contraste entre el sueño americano y la pérdida de la inocencia. ‘You’re gonna get it’ (1978) y, más aún, ‘Down the torpedoes’ (1979) desarrollaron esa primera etapa, cuyos efectos alcanzaron España a través de un éxito, ‘Refugee’, vendido como sensación.

Pero Petty, lo fuimos viendo a poco, estaba lejos de ser un ‘one hit wonder’, y su narrativa, de hondo calado, entroncaba con el desengaño de la generación crecida en los 60 y sacudida por Vietnam. Su aparición en el concierto antinuclear ‘No nukes’, en Nueva York, con Bruce Springsteen, Crosby, Stills & Nash, Jackson Browne y otros muchos, consolidó esa imagen del Petty ideológicamente comprometido.

En los 80, sus álbumes se fueron haciendo más adultos y elaborados, con episodios como ‘Southern accents’ (1985), mirada a sus esencias meridionales discutiblemente moldeada por Dave Stewart (Eurythmics). Su creciente reconocimiento le situó en la esfera de Bob Dylan, a quien sirvió, con The Heartbreakers, como banda de apoyo en 1986. Dos años después, Petty se integró en el super grupo Traveling Wilburys, con Dylan, George Harrison, Jeff Lynne (Electric Light Orchestra) y Roy Orbison. Cuando, en 1991, soltó a sus amigos para grabar en solitario ‘Full moon fever’, destacada obra de madurez, Lynne le arropó en la producción. Piezas como la existencialista ‘Free fallin’.

Alternando en adelante el trabajo en solitario y con The Heartbreakers, y moviéndose entre el cromático Lynne y los trazos más austeros de Rick Rubin, Petty pisó cimas creativas adultas en ‘Into the great wide open’ (1991, con ‘Learning to fly’ como bandera) y ‘Wallflowers’ (1994). En el nuevo milenio, la alianza con su carismática banda de siempre se revitalizó con obras notables como ‘Mojo’ (2010), que le llevó dos años más tarde a ofrecer algunos conciertos en Europa, continente en el que no actuaba desde 1999.

 

Contenido tomado de “elPeriódico.com”

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