Los filtros de Snapchat e Instagram hacen que nuestra piel luzca más tersa, nos proporcionan labios más llenitos y hacen que nuestros ojos se vean más grandes, todo lo cual está acorde a los estándares de belleza de la actual sociedad occidental. Como cualquiera que navegue por sus redes sociales se habrá dado cuenta, los filtros, ya sea que incluyan caritas de animales o simplemente diferencias en contraste, son la norma.

Pero hay mucha polémica en torno a si estas aplicaciones y filtros son buenos o malos para nuestra autoestima o si pueden provocar problemas como el desorden de la dismorfia corporal, un trastorno de la imagen del cuerpo que se “caracteriza por preocupaciones persistentes y molestas sobre un defecto imaginario o apenas perceptible de nuestra apariencia”, de acuerdo con la Asociación de la Ansiedad y Depresión de EU.

El conocido trastorno dismórfico corporal, que se manifiesta cuando las personas están preocupadas más allá de lo normal por algún supuesto defecto o falta de perfección, adopta ahora en muchos jóvenes una nueva forma y dimensión: la ‘dismorfía Snapchat’. Precisamente esta aplicación, y también Facetune, están detrás de la “nueva realidad de la belleza” y del cambio en la demanda que denuncian los especialistas.

Entes pedían afinar la nariz  o una lipo-escultura  pero  Ahora piden aumentar el tamaño de los labios o de los ojos, reordenar las proporciones del rostro, hacerlas más simétricas, tratando de imitar lo que muestran los filtros de Snapchat, tratando de alcanzar una versión  fantasiosa  de ellos mismo.