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Pau Donés se va y no quiere volver a tocar

10 octubre 2018 Actualidad Música


acemos esta entrevista sin intermediarios, sin jefes de prensa ni managers. Recibe Pau Donés en un hotel de Madrid sorbiendo té. Después de tres décadas de actividad, de sobreponerse a un cáncer, escribir sus pensamientos sobre todo esto en un libro y girar sin descanso a ambos lado del Atlántico, ha llegado el momento de parar. «No sabes las ganas que tengo de irme. Pero mira, cuando me pasó lo del cáncer, estuve dos años sin tocar y cuando regresé al escenario, que fue en el Vive Latino, pesaba 64 kilos pero pensé: ”Este es mi sitio”. Así que yo sé que ahora paro y en un año empezaré a morderme las uñas. Pero no quiero volver», dice el catalán sobre sus planes casi inmediatos, lo que sucederán a la gira que ya mismo afronta para dejar por lo alto a Jarabe de Palo en un hiato. Una gira que, entre otras ciudades, le acerca a Barcelona (18 de octubre), Valencia (19), Murcia (20), Palma (1 de noviembre), Granada (15), Sevilla (17) y Madrid (21).

¿Y qué va a hacer el hiperactivo Pau Donés sin su droga, la carretera? «Me voy a vivir al extranjero, con mi hija. Me llevo los instrumentos porque no lo puedo evitar, soy músico. Pero voy a hacer surf, a retomar mis clases de baile, a dar alguna de guitarra… y a meditar. Me quiero meter en eso, a ver si soy capaz de controlar mi cabeza…», señala el artista, que acaba de publicar nuevos frutos de su mollera. El primero es un disco grabado junto a la Filarmónica de Costa Rica y el segundo, un libro, «100 canciones», que trata de rendir «homenaje a las letras que he escrito todos estos años».

«La Flaca», ron o café

El volumen, de gran formato y lleno de fotografías, acerca al caos creativo de Donés, que incorpora junto a las letras terminadas pedazos de papel de mil naturalezas, trozos y cachos dehojas cuadriculadas o de blocs de hotel. Cuartillas escritas a varios colores de bolígrafo, con tachones, arrepentimientos, mensajes en clave sonora. «Mira este: Reforma, México. Colonia Juárez. O éste: Cibeles, 2004». Cada letra de las cien está compañada por el papel donde fue escrita en su día. «Sigo escribiendo así –dice mientras saca de la funda del ordenador otro puñado de recortes–. Los voy metiendo aquí y después los guardo en casa en unas carpetas dentro de una caja, en el estudio». ¿Se acuerda de dónde escribió cada canción? «Por supuesto… uy espera, la pastilla. Es la ”quimio” –aclara mientras saca una píldora rosa del plástico–, ¿quieres una? Dan un colocón que flipas… (ríe) Me pinchan cada tres semanas y dos semanas me tomo esto. ¿Qué habías preguntado? Ah, sí. Me acuerdo de ”La Flaca”. Yo estaba escribiendo en una mesa, y la flaca estaba allí enfrente de mí en la cama». El pedazo de papel donde está escrita la letra tiene una mancha oscura, que puede ser café o ron y en el original aparece «Havana» y «el hambre enganya», dos traiciones del catalán. «El momento lo recuerdo perfectamente. Pasé a limpio la letra y se la dejé en un sobre a la flaca y yo me llevé el original», recuerda. «Depende» aparece escrita en una hoja de los estudios Moody. «Sí, mira. Marzo del 96. La escribí cuando estábamos mezclando ”La Flaca”. ¿Ves que pone guitarra ”saturada” y guitarra ”tiririrí”. Eso es un tío que no sabe solfeo y no puede escribir las corcheas…» (ríe).

En el libro aparecen los viejos cacharros, cables y cajas de ritmos que hoy caben en un teléfono, que permiten grabar voz. «Las utilizo mucho, en cualquier momento, pero eso no impide que escriba también. Lo difícil es emocionar con 12 versos, porque con una novela es más fácil, pero una canción tiene que ser sencilla. El camino que yo elegí es el de la sencillez. El barroquismo nunca me ha interesado porque siempre pienso que esconde la falta de talento». Algo así como llevar demasiado maquillaje. «Exacto. Eso es que algo quieres ocultar, algo que te acompleja. A mí me encanta comer en una sidrería vasca y pedir una tortilla de bacalao y un chuletón. Cuando vas a un restaurante francés y cada plato lleva 20 cosas…». Sin embargo, no le hizo ascos a grabar sus temas con una filarmónica. «Dije que no al principio. Pero me mandaron una maqueta y dije: ”¿Cómo que no?”. Está hecho con arreglos de Paul Rubinstein y con 60 músicos increíbles». Su banda habitual no se ha enfadado por esta infidelidad. «Yo creo que es un alivio para ellos, porque esa gente afina de oído (hace una mueca). Pero estamos ya en marcha con la gira, que tiene que ser rockera, alegre, divertida». ¿Hasta pronto? «Ya veremos».

Fuente: LaRazón
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