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Richard Gere:”Hollywood ya no es más que una fábrica de películas con muchos efectos especiales”

13 diciembre 2017 Actualidad Farándula


Sea o no por efecto de las enseñanzas que ha tomado del budismo, Richard Gere parece realmente un hombre en paz consigo mismo. Y un actor que celebra la suerte de poder hacer lo que quiere, lejos de la factoría de sueños de Hollywood. Ahora está a punto de estrenar ‘La cena’ (el 22 de diciembre en cines), cinta de Oren Moverman donde dos hermanos y sus esposas se citan para afrontar las consecuencias de un acto cruel perpetrado por sus hijos adolescentes.

Cuando uno ve su película, puede preguntarse si no nos hemos vuelto todos locos; me refiero a esta sociedad: ¿Usted que cree?

Estoy totalmente de acuerdo. La película trata, entre otras cosas, sobre la enfermedad mental. Por un lado tenemos al personaje de Paul (Steve Cogan), del que uno cree al primero que es encantador y clarividente, y luego resulta que está loco. Pero la película también habla de la locura de la sociedad, que se muestra incapaz de situar correctamente sus prioridades; una sociedad superficial en la forma de contemplar al ser humano, a la familia y al conjunto de la comunidad; en el modo en que se considera el papel de cada cual en la sociedad. ¿Dónde queda la sabiduría respecto a las emociones? ¿Es posible, por ejemplo, querer a los hijos y ser sabios?

¿Y cuál es su respuesta?

Cuando Oren y yo hablamos de la película, la contemplamos desde el prisma más potente posible: el deber de enseñar a nuestros hijos a asumir sus responsabilidades con el mundo, teniendo en cuenta que ellos no son el centro del universo. Y que todos somos criaturas de amor, compasión y responsabilidad con los demás. Para activar todo eso hay que ser sabio. Es un trabajo que hay que hacer desde el principio. Y uno ve que los niños criados sin esa influencia pueden fallar.

¿Está fallando la educación de nuestros hijos, entonces?

Desde luego. Lo más importante que puede proporcionar una sociedad es la salud y la educación, no los ideales de poder comprar cosas o de hacerse rico. En España tienen un gran sistema de salud y un buen sistema educativo. En Estados Unidos tenemos un buen sistema de educación pero un sistema de salud terrible. Eso es una locura. Cuando voy a países en desarrollo y me piden opinión sobre dónde invertir más recursos siempre digo eso: en salud y en educación. Porque ser pobre no es de por sí un problema: el problema es que te falte salud y que no tengas educación, entendida esta como el aprendizaje mental y emocional para saber qué es realmente el mundo y qué es el ser humano; para conocer el potencial de las personas para expandirse y amar en una dimensión universal. Si se enseñara esto, el hecho horrible que se relata en la película no sería posible.

En ‘La cena’ hace de congresista. ¿Cómo ve a la clase política de su país y, en general, a los dirigentes que hoy tenemos en Occidente?

Hay de todo, en Occidente y en Asia. Los hay sabios y generosos, y todo lo contrario: como en cualquier sector o trabajo. Pero debo decir que, después de muchos años trabajando con el Congreso, he visto muy pocos que no tengan vocación de servicio; aunque luego no lo hagan bien. Porque sienten que pueden ser útiles y eso es muy poderoso.

La defensa de los derechos en Tíbet tuvo un precio para usted en Hollywood, por el veto de China. Pero de esto hace muchos años. ¿Cómo lo lleva?

La idea de Hollywood ya no existe. Lo que hay es una entidad corporativa que hace cierto tipo de filmes: en este momento, grandes películas de efectos especiales. Hace como 25 años o más que no trabajo en Los Angeles. Todas las películas que hago, así como casi todos los actores con los que trabajo, son independientes. Rodamos en todas partes. Yo vivo en Nueva York y apoyo que se rueden allí, o cerca. Pero en realidad nunca sentí que pagara un precio por lo que dice. Porque las películas que hago están al margen de todos los sistemas. En China, la ley establece una cuota de películas extranjeras, y los distribuidores procuran que sean las más comerciales: las de muchos efectos, las de fantasía y las de animación. Y yo no hago ese tipo de productos. Así que para mí es irrelevante. Hago las películas que quiero hacer. Tengo la suerte y el lujo de que, gracias a lo que gané con filmes dentro de ese sistema de grandes estudios, ahora puedo permitirme hacer películas muy pequeñas pero que me interesan. Soy muy afortunado.

Como defensor de los derechos humanos, supongo que le habrá alegrado que las actrices de Hollywood que han padecido abusos hayan levantado la voz. ¿Usted sabía o sospechaba algo?

No. Me sentí fatal por ellas. Y es algo endémico. Ocurre en todos los negocios. Es más: cualquiera que quiere subir en una estructura de poder se ve obligado a elogiar al jefe. Es la aceptación de un abuso, a veces de modo sutil y a veces criminal.

¿Cómo combatir esa dinámica?

La solución está en la sabiduría. Parece como si nos hubieran inoculado la alucinación de que somos independientes los unos de los otros. Hay una especie de tribalismo individual: mi tribu soy yo. O en todo caso yo y los más cercanos, pero en un módulo separado de los demás. Y cada cual lucha por sus propias posibilidades. Pero eso no es real. Si rompes la alucinación de esa separación; si superas la falsa idea de que tenemos que estar en conflicto unos contra otros por los recursos, entonces puedes empezar a sentir que todos estamos juntos en esto; que tu felicidad es mi felicidad, y tu sufrimiento es el mío. Ésa es la salida.

Por razones personales, usted tiene ahora más relación con España. ¿Se ha formado una opinión formada sobre el conflicto de Catalunya?

Me están enseñando al respecto, y me van cambiando las alianzas. No estoy lo bastante informado. Pero tengo claro que tiene que ver con la historia, la cultura y el idioma. Rechazo en todo caso rechazo que se utilice la violencia para resolver cualquier problema. Y creo que, en toda discusión, el más poderoso es el que tiene la obligación de hacer la oferta.

Fuente: lavanguardia.com

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