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Syrah, el renacimiento de un vino tinto que busca competir con los varietales más famosos

27 julio 2018 Actualidad Curiosidades


 

Cuando el Malbec se convirtió en el vino emblema del país, fue Mendoza la provincia que tomó la delantera. Algo lógico teniendo en cuenta que posee la mayor cantidad de viñedos y bodegas. Al comienzo fueron los exponentes de la primera zona, pero inmediatamente irrumpieron los del Valle de Uco, relegando a las regiones tradicionales; aunque estos vinos vuelven a recuperar protagonismo de la mano de las bodegas más importantes.

En aquel entonces San Juan -segunda provincia vitivinícola- amagó darle pelea con el Syrah, algo que duró un suspiro.

Se sabe que la rivalidad entre ambas provincias cuyanas comenzó con el desembarco de los inmigrantes cuando los primeros italianos y españoles llegaron a Mendoza, desde el puerto de Buenos Aires a bordo del ferrocarril, con ansias de plantar sus vides, a principios del siglo XIX. Dicen que los italianos se afincaron allí, mientras la mayoría de los españoles viajó un poco más hacia el norte y en San Juan encontraron su tierra prometida.
Con el correr de los años grandes bodegas se levantaron en Mendoza, más ayudadas por el ferrocarril que por las condiciones naturales de sus terruños.

Luego llegó el momento de mayor auge del vino argentino, cuando el consumo per cápita era de 90 litros (primeros en el mundo), y San Juan recuperó protagonismo. Pero cuando los vientos cambiaron, la cantidad dejó de ser negocio y la única apuesta fue tecnificarse para ir por la calidad, San Juan perdió empuje y se quedó. Solo unas pocas bodegas, apuntaladas por las aptitudes naturales de los diferentes valles sanjuaninos (Ullum, Tulum y Zonda), se mantuvieron firmes. Así fue que al aluvión de Malbec mendocino de principios de siglo XXI, le respondieron con un puñado de Syrah.

A pesar de las polémicas que giran en torno a su procedencia, y el mito de ser el vino de “la última cena de Jesús”, el Syrah es una uva de origen francés según lo demostró un análisis de ADN de 1999, y se convirtió en la más prestigiosa del Ródano. Es más, su prestigio internacional era y es mucho mayor al del Malbec, no solo por la historia de los vinos franceses de Hermitage, Côte-Rôtie y Chateauneuf du Pape, sino también por la apuesta de Australia que la adoptó como uva de bandera a comienzos del milenio.

Es decir que al menos en los papeles la competencia parecía leal, y claramente lo era. Sin embargo, el Malbec comenzó a brillar al tiempo que el Syrah comenzó a apagarse. Es por ello que poco a poco desapareció de las góndolas, vinotecas y restaurantes, también de los viñedos.Porque el auge del Malbec fue tal que las bodegas no dudaron en multiplicar la superficie de hectáreas al tiempo que se utilizó de punta de lanza para descubrir nuevas zonas, incluso desafiando los límites de la naturaleza. Así nacen los terruños de altura, en Mendoza, el Alto Valle Calchaquí, y también en San Juan.

Por suerte el Syrah no desapareció, sostenido por algunos enólogos y algunas bodegas que valoraban más la calidad de sus vinos que los resultados comerciales, debido a que el consumidor argentino se acostumbró a tomar Malbec, y obviamente para los turistas era el vino más atractivo para disfrutar por estas tierras.

De las 204.000 hectáreas de viñas plantadas en el país, 113.600 pertenecen a uvas tintas. De los cepajes finos, utilizados para elaborar los mejores vinos, el Malbec ocupa el primer lugar con el 20%, seguido del Bonarda (9%), el Cabernet Sauvignon (8%) y el Syrah (6%). Si se tiene en cuenta que el primero ya es sinónimo de vino argentino en el mundo, el segundo no existe en otro lugar, y el tercero es considerado el rey de los tintos, y por ende el más elaborado en todo país productor, el potencial del Syrah estaría garantizado. Ante todo porque se da muy bien en algunos terruños nacionales específicos, pero también porque es una uva con reconocimiento internacional y muy respetada por los paladares más exigentes del mundo.

El Syrah que viene

(iStock)

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Actualmente en cosecha el valor de la uva Malbec es cinco veces mayor que el del Syrah, aunque ello habla más de las aptitudes comerciales que de las cualitativas de cada una. Por otra parte, es cierto que San Juan no se había subido al aluvión vínico revolucionario de este siglo, como si lo hicieron Mendoza, con sus diversas micro regiones, Patagonia y los Valles Calchaquíes. Pero eso está cambiando, y el Syrah tiene mucho que ver. Ya no por las intenciones de una bodega o de un enólogo, sino por la realidad que ofrece un terruño muy especial; el Pedernal. Es un valle que llega hasta los 1500 metros, siendo el punto más alto de la provincia. Pero la altura no es sinónimo de calidad sino que ofrece condiciones diferentes. Y si bien del buen terruño al gran vino hay mucho trecho, algunas bodegas de San Juan se animaron a devolverle al Syrah su nobleza perdida, algo que productores de otras zonas están aprovechando.

El ingeniero agrónomo Gustavo Matocq (quizás la persona que más conozca el valle) y José Pepe Morales (enólogo de Pyros Wines), convencidos que tenían algo único en sus suelos y con un clima ideal para el desarrollo de la vid, profundizaron la investigación, multiplicaron las calicatas y ahora empiezan a encontrar el perfil de los vinos que quieren.

Actualmente allí hay 800 hectáreas con viñedos plantados desde 1990, e incluso hay una IG Pedernal. Lo más sorprendente es que todos los suelos son calcáreos, de origen geológico y no por actividad microbial, como en la mayoría de los demás terruños argentinos. Luego de los estudios sobre el origen de los suelos realizados por el prestigioso geólogo Carlos Valero, y de los estudios sobre los suelos y la relación con las vides llevados adelante por los franceses Claude y Lydia Bourguignon- especialistas de talla mundial en la materia- se concluyó que: las rocas geológicas calcáreas son de origen marino, y por eso se trata de una sierra y no de una montaña. Son formaciones de 485 millones de año, que eran corales y eso explica tanto calcáreo y sílice, con piedras angulosas (no aluvionales) y otras calcáreas, que forman la estructura de los suelos.

El Valle de Pedernal se encuentra entre la Cordillera y las precordilleras Central y Oriental. “Estas formaciones se fueron rompiendo con los años, por eso hay distintas composiciones y dan una diversidad de ambiente muy grande, que se empiezan a ver en los vinos”, asegura José “Pepe” Morales. Pero las plantas son más sensibles y los vinos lo demuestran, es por ello que ahora el objetivo de la bodega es poder interpretar esas diferencias con las cuales se pueden lograr vinos de excepción. “Solo el 7% de la superficie terrestre posee este mismo origen, y el 50% está en Europa; pero el lugar es muy especial más allá del suelo”, afirma con entusiasmo y seguridad Gustavo Matocq.

(iStock)

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En otro de los Syrah referentes participan las uvas de Pedernal; el Gran Syrah de Finca Las Moras que, desde hace más de una década, elabora Eduardo Casademont. Por el momento sigue siendo un blend de los tres valles sanjuaninos más importantes, y así ha logrado colarse cosecha tras cosecha entre los grandes vinos argentinos.

El Syrah también está renaciendo en otros terruños como Catamarca, Salta, La Rioja, Tucumán, La Pampa, Mendoza (principalmente en Barrancas y Valle de Uco), e inclusive Jujuy con sus flamantes viñedos de La Quebrada de Humahuaca.

Ya sea en blends, aportando firmeza y un carácter especiado distintivo, o en varietales que van desde los tintos intensos, ahumados y cárnicos, hasta los de paladar más amable con dejos de frutas secas, pasando por vivaces rosados.

Los enólogos y agrónomos saben que es una variedad muy sensible a la deshidratación y por ello deben ser muy cuidadosos en la elección del punto de cosecha para lograr la madurez deseada. Del Valle de Uco provienen exponentes más compactos, frescos y voluptuosos (como el Finca Sophenia o el Pequeñas Producciones de Escorihuela Gascón) más allá del estilo del hacedor, que puede ser moderno (Pablo Martorell con su De Moño Rojo) o tradicional (Walter Bressia con su Monteagrelo). También hay con uvas orgánicas (como el Chakana Nuna Estate). Algunos pocos optaron por emular la costumbre del Ródano agregándole toques de Viognier (uva blanca) como el Iscay (Trapiche) y El Enemigo (Aleanna).

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