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Unos Oscar 2019 para agradar: sin riesgo, sin valentía, sin emoción

25 febrero 2019 Actualidad Cine y TV


Los caminos de la historia son sinuosos, y los de la historia del mundo del espectáculo más aún. Que la entrega de los premios Oscar de la Academia del cine número 91 comenzara al ritmo de ‘We will rock you’ de Queen es un ejemplo; azares del destino como que la ceremonia se quedara sin presentador tuvieron que ver con ello. Pero, aunque solo sea por la satisfacción de ver un mar de esmoquins, trajes ajustados y brillantes, de maquillajes perfectos y pestañas falsas hacer el esfuerzo de poner cara de estar en un concierto de rock, la nominación de ‘Bohemian Rhapsody’ a mejor película cobró, por fin, su sentido.

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Aparte de ese principio algo fuera de lugar, la ceremonia fue correcta. Elegante. Inclusiva. Diversa. No excesivamente larga, aunque se pasó en 17 minutos exactos de la marca de las tres horas. Y sus premios fueron como la academia, cada vez más grande y más diversa y con más ganas de agradar. Una cosa para todos los públicos, sin mucho riesgo, y un poquito para cada concursante, para que nadie se fuera a casa con las manos vacías. Si los premios de este año ofrecen un anticipo de la dirección del cine en general y de Hollywood en particular, es la de que hay sitio para todos, pero aquí, en la “meca”, nos siguen gustando las películas canónicas con su mensaje y su estructura tradicionales. Directores como Alfonso Cuarón se pueden llevar premios por sus apuestas más personales y arriesgadas, o sea ‘Roma’, pero donde esté una buena historia de redención con su planteamiento – nudo- desenlace, o sea ‘Green Book’, que se quiten las demás.

[Consulte la lista con todos los ganadores de los Oscar 2019]

Además de Netflix, que vio como las nominaciones de ‘Roma’ se quedaban en tres premios, todos para Cuarón, la gran decepcionada de la noche es probable que fuera Glenn Close, a quien todo el mundo esperaba que se le diera el premio a mejor actriz protagonista después de las siete nominaciones que ha recibido a lo largo de su carrera. Pero fue, aunque de manera no deliberada, una decisión acertada, al menos en lo que respecta al ritmo de la gala: Olivia Colman, la actriz británica ganadora de esa categoría por su papel en ‘La favorita’, fue la que más hizo reír en el escenario, y, aparentemente, sin necesidad de guión. Colman es “la favorita”, quedó claro, del mundillo hollywoodiense y ningún preludio podía ser mejor para su debut como reina Isabel II en la tercera temporada de ‘The Crown’ de Netflix. Un pequeño consuelo para Ted Sarandos, es de suponer.

Olivia Colman recoge el Oscar a la Mejor Actriz por 'La favorita'
Olivia Colman recoge el Oscar a la Mejor Actriz por ‘La favorita’

En muchos sentidos fue, en cambio, la noche de ‘Black Panther’, y la noche de mayor presencia afroamericana de la historia, con una larga lista de presentadores que incluían desde el congresista por Georgia John Lewis hasta la tenista Serena Williams y todo actor afroamericano que se ha dejado fichar. Para rematar Spike Lee se llevó, por fin, la primera estatuilla de su carrera por el guión original de Infiltrado en el KKKlan. Lee dio saltos, dijo palabrotas, y estaba visiblemente emocionado. Recibió una ovación de pie de todo el auditorio. Aunque el discurso más emotivo y humilde quizá fuera el de Rami Malek, que recordó su infancia como hijo de inmigrantes egipcios en EEUU y sus propias dificultades para encontrar su identidad cuando aceptó el premio por su interpretación de Freddy Mercury en ‘Bohemian Rhapsody’.

[Vea todas las imágenes de la ceremonia]

Abismos de aburrimiento

La ceremonia empezó ágil, con un mini monólogo divertido de las cómicas-amigas Amy Poehler, Tina Fey y Maya Rudolph, y el premio más previsible de la noche (actriz de reparto) para Regina King. Cayó en sus habituales abismos del aburrimiento con los discursos de agradecimiento de cada categoría, especialmente, por qué negarlo, los de las categorías menos glamurosas. La curvilínea marquesina que rodeaba el escenario resultó algo plasticosa y, efectivamente, recordaba al tupé de Trump (es una obsesión nacional) cuando se iluminaba en tonos anaranjados, como habían maliciosamente advertido algunos periodistas en su presentación a los medios. La escaleta se cumplía correcta, los sucesivos presentadores soltaron sus ensayadas bromas sin errores. Sin fisuras pero sin gran emoción tampoco.

Yalitza Aparicio y Javier Bardem en los Oscar. (Reuters)
Yalitza Aparicio y Javier Bardem en los Oscar. (Reuters)

Entre los momentos que resultaron menos envarados, estuvo Javier Bardem presentando en español subtitulado al inglés, haciendo homenaje a la diversidad cultural, las nominadas a mejor película de habla no inglesa, y tuvo la satisfacción de pronunciar con ganas esa “r” de ‘Roma’ como ganadora. Y al recoger el premio, Cuarón recordó cómo le gustaban las películas “extranjeras” que veía de joven en Mexico, “como Ciudadano Kane”, lo que provocó las risas de un público que nunca podría pensar en Ciudadano Kane como una película “extranjera”. El sabor hispano lo mantuvieron Diego Luna y el chef José Andrés presentando la nominación de Roma como mejor película. En su estilo campechano, José Andrés recogió muchos aplausos con su reivindicación de las mujeres inmigrantes que “ayudan a la humanidad a avanzar”, en referencia a las empleadas domésticas.

Guillermo del Toro entregó el premio al mejor director a su amigo Alfonso Cuarón, y ambos colegas y amigos se dieron el abrazo más sentido que se vio en el teatro. Cuarón agradeció en todas sus subidas al escenario (tres) a las actrices de la película, Yalitza Aparicio y Marina de Tavira.

La estrella es Gaga

Uno de las apariciones más esperadas era la de Lady Gaga y Bradley Cooper, que interpretaron “Shallow”, la canción nominada de su película ‘Ha nacido una estrella’. No decepcionaron; fue la actuación más vibrante de la noche, y dejaba muy claras las razones por las que la película lleva 420 millones de dólares recaudados en todo el mundo. Si a algún académico le quedaban remordimientos por no haber votado a Cooper como mejor actor, oírle cantar en el teatro Dolby anoche debió acentuarlos. Y aunque Bohemian Rhapsody le ha sacado mucha ventaja a Ha nacido una estrella con 4 oscars, Lady Gaga vivió su momento subiendo a recoger el Oscar a la mejor canción original (junto a Mark Ronson, Anthony Rossomando y Andrew Wyatt), la única estatuilla para ‘Ha nacido una estrella’. La gala garantizó que ambas películas, ya megataquilleras (Bohemian lleva 846 millones), continúen atrayendo espectadores.

Lo bueno de tener 91 años de historia a las espaldas, y más de 70 ceremonias televisadas previas que analizar, es que los Oscar tienen recorrido del que aprender. Sus productores de este año han evitado errores previos: complicaciones innecesarias, números musicales con riesgo de caer en el ridículo o bromas demasiado elaboradas o controvertidas. Han superado con nota la dificultad de no tener presentador. Es más, quedan dudas de si realmente hace falta es un presentador, aunque la despedida de Julia Roberts tras entregar el Oscar a la mejor película quedó algo deslucida. Melissa McCarthy hizo un poco el payaso, con su disfraz de reina Ana repleto de conejitos de peluche, y Kegan Michael Key descendió del techo con el paraguas de Mary Poppins. Bette Midler puso el toque del Hollywood clásico con su interpretación de la canción nominada de ‘El regreso de Mary Poppins’.

La productora no pudo hacer nada frente a lo que hace a la ceremonia interminable: los cortes publicitarios (hasta 15 en tres horas)

Así que un notable alto para la productora Donna Gigliotti y el director Glenn Wise, que no pudieron hacer nada, en cambio, frente a lo que hace a la ceremonia verdaderamente interminable: los cortes publicitarios (hasta 15 en el espacio de tres horas). Esos, claro, no se pueden suprimir, a pesar de que este año había además una larga lista de patrocinios: en 2018, en la retransmisión con la audiencia más baja de su historia, la Academia ganó 131,8 millones de dólares por publicidad, un 17% más que el año anterior. Y todo parece indicar que este año habrá mejores ratings (especialmente gracias a las nominaciones de películas más taquilleras como Ha nacido una estrella, Bohemian Rhapsody o Black Panther).

Al final, con todos sus pasos en falso e intentos fallidos de complacer a unos y otros, de ser incluyente y prescriptora al mismo tiempo, la Academia ha encontrado ese término medio que huye del conflicto pero no se decanta de manera entusiasta por nada. Es verdad que el Oscar a la mejor película se lo ha llevado ‘Green Book’, pero Bohemian Rhapsody se ha llevado un número mayor de estatuillas, aunque casi todas “técnicas”. Se quedaron atrás los grandes ganadores, aquellas películas que encandilaban y “arrasaban” con ocho premios de golpe. Con 7000 miembros, y muchos de ellos ya alejados física y culturalmente de los reservados de los restaurantes de Beverly Hills donde se toman las decisiones millonarias, en su seno no hay una idea monolítica sobre lo que es buen cine, y por muchos millones y estrategias que uno emplee en una “campaña”, es imposible prever qué despertará el entusiasmo total.

Entre las historias de Oscar tradicionales como ‘Bohemian Rhapsody’ o ‘Green Book’ y una película como ‘Roma’, que está no solo en otro idioma, sino que muestra otra estética y otras maneras de narrar, hay un abismo. Y reconforta que haya hueco para todas. Aunque no haya ganado “del todo”, su nominación y sus tres oscars son históricos por eso. Pasito a pasito, ese “océano de cine” a que hizo referencia Alfonso Cuarón, en uno de sus tres discursos de la noche, se va ensanchando

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